Tan solo son palabras suspendidas en el aire.

lunes, 22 de agosto de 2016

Brujulas Fugaces.


Otra noche más confesando a las estrellas. Observándolas... ¿Por qué carecer de vida? Dejando volar mi imaginación hacia lo más alto, las he concebido como almas perdidas cansadas de vivir en la oscuridad y en agujeros negros sin retorno. Almas que nos guían sobre el único cielo que nos ampara. El breve reflejo de nuestras emociones visibles.

Alzo la vista al cielo, y no encuentro faro que me alumbre entre tantas tempestades. La noche también está cansada de vivir en contínuos cortocircuitos. Suerte para los que puedan presumir de tener  alguien velando por ellos.


Baílame bajo las cinco puntas de este universo huérfano, adóptame como uno más en la vía láctea de tu cuerpo. Enséñame cómo seguir tirando de los cordones de las bombillas que reposan sobre mi cabeza, muéstrame como encenderlas una a una y no me pases la factura cuándo veas demasiada luz al final del túnel.

Déjame salvarte, las llamas en el horizonte ya no me asustan, teñir la noche con el manto del infierno es sólo una posibilidad más de acabar entre las llamas de tus popios pensamientos. No necesito estrellas para brillar sobre mi propia tumba.


Yo ya tengo la mía, fugaz y fugitiva, que termina por estrellarse, consumirse y apagarse con mi vida.

viernes, 29 de julio de 2016

VI. En clave de ti.



Colgando del hilo de tu vida, deposito en 170cm toda mi confianza, tentando a la suerte que me regalas cada día. Quiero caer contigo mientras siga siendo otoño en tus ojos. Ver reflejado en tus pupilas cada atardecer, rozar con las manos esta perfecta partitura, descifrar su clave, y sentir, en un acorde, la melodía más bonita. 

Si te miro y me sonríes, la brújula marca una única dirección en el mapa de tu cuerpo, directos al mejor de los naufragios. Sin semáforos en un cruce de miradas, sin señal que me evite chocar con tu sonrisa, sin chaleco salvavidas para alguien que ya le ha regalado la suya.

Bajo el árbol más grande de este inmenso planeta, dibújame una historia con las manos,  y déjame a mí, escribir los mejores finales después de perder todos nuestros principios. En puntos suspensivos para no tocar nunca fondo. Con un punto final sólo si lleva tu nombre.

En lo más alto de tu ciudad sin leyes, antes de cerrar este baile de palabras, iza la bandera de nuestra libertad, dame las alas que a ti te sobran y volemos sobre el único cielo que se parte en dos cuándo me faltas. Desde lo más alto, si no me sueltas la mano, prometo seguir bailando contigo hasta que el cielo se parta en pedazos, se cierre el telón y a ti te lluevan rosas negras, cariño, por ser la mejor obra de arte.


                           ¿Me concedes este baile?

jueves, 28 de julio de 2016

V. La sombra sin luz.



Sólo y rodeado de un montón de papeles sucios, siento que los voy  perdiendo menos a medida que diviso el camino de vuelta. Ojalá pudiera encontrar las palabras adecuadas para inventar los símiles que te hicieran comprenderme. Bajar a lo más profundo de mi conciencia, percibir la existencia que me tocó sentir. Perdóname por ahogar el sentido común y el respeto a quién admiro.

Seguiré subiendo, peldaño a peldaño, estas viejas escaleras arrebatadoras de sueños. Porque a mí, ya no dejan de perseguirme los miedos, de que al temblar la vela, todo pueda salir en un río de nostalgia y remordimiento, que pase el tiempo y nunca me perdones mientras permanezca en el recuerdo. Déjame al menos, llegar a la cima, y abriré todas las puertas que se esconden tras los muros del dolor. La última de ellas, a pecho descubierto para que puedas fusilarlo a tu antojo. No temas, prometo guardar todo lo malo que te llueva encima.

Pistola en mano, en medio de una ruleta rusa de sentimientos, espero que la única bala sea la tuya.  Con un disparo a medianoche marcando el final de los días, impactando sobre  tu puerta, cerrada con puntos de sutura de arañar tanto las heridas. Déjala entreabierta por si me invade el miedo de nuevo, y serás el hogar dónde siempre esté a salvo.





miércoles, 27 de julio de 2016

IV. Ataraxia.



La poesía se mueve tan rápido dentro de mí que casi no percibo cómo te pierdo en cada texto que te escribo. Y cuál mascota en mitad de la calle, vivo bajo el abandono de pensarte. Alfileres de vudú clavándose en mi pecho, nubes de arena rodeando el corazón. Empecemos, querida, por sincerarnos en el odio por tenernos. Y querernos sinceramente en los finales de las películas.

Como un tranvía a alta velocidad, era yo quién pasaba por encima de las ruedas, viajando en paralelo, volando sin alas, a ras de suelo. Soñando despierto, limpiando estrellas de alquitrán, trazando constelaciones que no se den a la fuga cuando te quedes dormida. Seguir recorriendo la vía láctea, imaginarte reflejada en algún charco de la ciudad iluminado por el brillo de la luna. Llena.  Sentarme bajo el llanto de las nubes, ahogarme en los cuadernos de tu ausencia. Buscando tu sonrisa en el fondo de los vasos. 

Pintando pañuelos con carboncillo en los que te quise más de una vida. Ya siento el deshielo quemándome vivo. Cierro los ojos, y anhelo unas manos salvavidas bajo el reflejo de este charco ensangrentado de sucias palabras. Cuídame mientras permanezca a flote, que no cerraré los brazos hasta que pase el temporal. 

En una hora concreta a este lado del mundo, bebiendo la vida sobre posos de café, reencarnándonos en Agua, Tierra, Aire o Fuego.....


                                            ...... Y a punto de morir, que la próxima (vida) sea la nuestra.




martes, 26 de julio de 2016

III. Primavera emocional.

Volando siempre tan alto al final he acabado en el subsuelo. Y la única rosa negra que guardo bajo la manga se ha marchitado de pena y dolor. Si tuviera que derramar una sola lágrima para que floreciera la vida, me estaría recordando continúamente lo capullo que soy y la cantidad de pétalos que he perdido pensando si me quería o no. Echando raíces dónde crecen árboles y viéndolos despojarse de su libertad en cada hoja que se lleva el viento.

El ciclo de la vida no está siguiendo su curso conmigo, la lluvia se ha cansado de esperar a que vengan a regarme, y ha decidido que viva en una contínua tormenta en la que nunca cesan los truenos, y por más que intento dormir se me interrumpen los latidos si se trata de pensarte. Si no puedes dormir, entonces fuma, y aqui sigo esperando a que el humo se lleve todas esas palabras que no me atrevo a decirte y que en cada suspiro vuelven a mi memoria.

En mi mente, ¿Te irías?, quiero creer que no, de lo contrario, tendría que morir para ganarme otra vida en la que permanezcas siempre, una no es suficiente para todo el daño causado. Y es tan frágil el papel que no puedo repararlo por mucha tinta que salga de mi corazón. El día que me desangre, por favor, no me levantes del suelo, desde dónde empezamos a crecer hasta casi rozar el cielo con las manos.

Mira hacia arriba, lo ves mucho más claro pero con menos estrellas, porque te las has llevado todas. Alumbra con ellas todo lo que he apagado y consumido, y reparte felicidad con todo lo que sobra en el tintero.


Seguiré vomitando mi alma en cada verso que te escriba.